Manuel Lagunilla Martínez

Manuel Lagunillas
Foto
Escambray
Nacimiento:  
1940
Fallecimiento:  
23
/
4
/
2021

Lagunilla abogado, historiador oficial de la villa de Trinidad desde el año 2010 al ser nombrado por la Asamblea Municipal del Poder Popular, luego del fallecimiento de Carlos Joaquín Zerquera y lo continuó siendo hasta su muerte.

Fue un eterno amor. Lo confesaba a voz en cuello cada vez que alguien rozaba con una palabra a Trinidad, su cuna, casa, musa. “Es la Esmeralda de Cuba”, declaró a este periódico hace un tiempo Manuel Lagunilla Martínez, quien desde el 2010 fungía como el Historiador Oficial de la tercera villa de Cuba.

“Yo soy un historiador de pueblo”, se define el abogado-historiador.

Dicha condición —que mantuvo hasta el instante que abandonó su hogar en la céntrica calle Maceo para ingresar en el Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos al ser positivo a la COVID-19— la nutrió con sus experiencias de abogado y profesor de Historia en las enseñanzas secundaria, media superior y tecnológica.

Saberes que lo impulsaron a escudriñar en el riquísimo pasado de una ciudad detenida en el tiempo. Trinidad en José Martí; La vida trinitaria del Ismaelillo; Patriota y forjadores de la nación cubana: Vicente Antonio de Castro, Serafín Sánchez y los patriotas trinitarios… figuran entre los tantos textos que le robaron horas y horas de pesquisas para corroborar hipótesis, en su mayoría contrarias a la información más conocida.

Y por ese afán de arrastrar a muchas personas en su pasión por la historia y la cultura de su ciudad, gestó en el 2007 la tertulia Los Amigos de Manolo, un encuentro mensual que regresaba a sus participantes a los más autóctonos valores de una villa con más de 500 años de existencia.

Desde su despacho, a la vieja usanza de los abogados de la ciudad, repleto de libros, buró inmenso de madera oscura y evidencias de reconocimientos en reposo en la pared con puntal alto, no le perdió la pista a ningún suceso de su entorno. “Soy un historiador de pueblo”, confesó también a este semanario a modo de explicación de por qué ni cuando los años pesaban dejó a un lado sus constantes estudios.

Fue una herencia de aquellos días en que dirigió el primer Bufete Colectivo en Trinidad, donde aprendió las interioridades de ser abogado y notario. Demasiado conoció y aprendió en juicios de todo tipo para no dudar en aceptar el reto de fundar y encabezar el Bufete Internacional, donde se jubiló en el 2000.

Esas jornadas también lo inspiraron para tatuar el papel. Leer Stitcher 9mm y ¿Culpables o inocentes? es seguir de cerca el caso que desveló a Lagunilla Martínez en la defensa del asesinato de una ciudadana polaca en la década de los 90 en Trinidad; documentos todos que nos conducirán siempre al hombre que también hizo suyo los micrófonos de Radio Trinidad y Radio Sancti Spíritus.

En su voz, la Ciudad Museo del Caribe emergía mucha más calidad que cuando se camina por las callejuelas empinadas de su centro histórico, precisamente, uno de sus sitios preferidos. Se le vio visitarlo muchas veces, quizás para apaciguar alguna duda investigativa o dialogar con sus antepasados. Demasiado amor por la añeja villa, capaz de arrancarle un epitafio para la posteridad: “De Trinidad amo hasta las piedras”.

Sus obras
Trinidad en José Martí.
La vida trinitaria del Ismaelillo
Sublevaciones esclavas en Trinidad…
Hugo Roberts Fernández, médico
Patriota y Forjadores de la nación cubana: Vicente Antonio de Castro, Serafín Sánchez y los patriotas trinitarios, entre otros textos.

MEMORIAS ESCRITAS
Lagunilla quiso descubrir el brebaje que le devolviera los años, no para galantear como don Juan Tenorio, sino para que le diera tiempo a investigar y escribir cuanto se le antojara en su despacho, tapizado de libros. En una esquina de este, descansa la novela inédita que recrea la vida de Mariano Borrell y Lemus, el marqués de Guáimaro, célebre por su fortuna, levantada a cepo, látigo y contrabando.

“Ese fue el primer mafioso que hubo en Cuba. Tenía todo tipo de negocio. Mientras le eras leal no había problema; si le hacías una, no te lo perdonaba. Él fue de los que firmaron en 1851 la sentencia de muerte de Isidoro Armenteros, que había sido su amigo. En la novela mezclo realidad, ficción, erotismo…”, revela.

Con el oído pegado a la voz ancestral de su ciudad, escribió Trinidad de Cuba: Tradiciones, mitos y leyendas —puñado de narraciones de muerte, venganza, amor—, donde Hernán Cortés se desdobla como el primer pirata del Caribe, Ma’ Dolores es rescatada por los ángeles frente al pelotón de fusilamiento, e Isabel Malibrán Muñoz, a horas de casada, fallece envenenada por una esclava celosa. “Esas historias forman parte también de la cultura del pueblo, y yo escribo para el pueblo”, sostiene.


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