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Otra pelea cubana contra los demonios… y Tupac

Con el deceso esta semana, a los 48 años de edad, de Túpac Pinilla Núñez, la cultura cubana perdió a un infatigable creador, que dejó huellas apreciables en la realización audiovisual, el periodismo y la edición literaria.

Graduado de Psicología, doctor en Ciencias Psicológicas, se desempeñó como editor del portal digital Cuba Literaria, del Instituto Cubano del Libro, y de la Cartelera de Cine y Video del Centro de Información Cinematográfica del ICAIC y fue un miembro muy activo de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

En 2004 estrenó el documental Utopías, el corto de ficción Necesitados y mereció la Beca de Creación Chicuelo, de la AHS para la realización de la serie de minicuentos Zapping.

Tres años después, Tupac escribió y dirigió su obra más reconocida por el público y la crítica, Otra pelea cubana contra los demonios y el mar, en el que abordó las vivencias y expectativas de una comunidad de pescadores en el litoral norte de Villa Clara ante huracanes e inundaciones.

Por estos días han sido múltiples las expresiones de duelo en publicaciones digitales y redes sociales.

El presidente de Casa de las Américas Abel Prieto Jiménez comentó en su cuenta de Twitter: “Dotado de un gran talento, fue un ejemplo d voluntad creadora y de amor a la vida. Lo conocí y aprendí a admirarlo y a quererlo a través de su abuelo Enrique Núñez Rodríguez”. El compositor Israel Rojas, del dúo Buena Fe, escribió estas palabras que reflejan la estatura humana y creativa de Tupac Pinilla: “Océanos de inteligencia con toneladas de voluntad, manejados físicamente con el dedo índice de la mano derecha. Tu luz nos acompaña”.

En el blog Segunda Cita de Silvio Rodríguez alguno de los "segundociteros" han compartido anécdotas sobre su personalidad y visión de la vida.

Tupac fue un ser extraordinario. Una máquina de crear belleza. Lo recuerdo sonriendo casi siempre. Era ocurrente, como mismo era incansable y de un sentido común a prueba de balas. Más de una vez recurrí a su consejo y, por supuesto, salí ganando. Tenía una mente del futuro.
Un día editábamos en el Icaic con Tupac. Éramos tres o cuatro. Terminamos muy tarde en la noche, cuando descubrimos que los elevadores no funcionaban. Su silla de ruedas era extremadamente pesada y delicada: era un riesgo grande bajarla por las escaleras y Tupac que no, por las escaleras no bajo.
El custodio no podía localizar al mecánico del ascensor y llamó a los bomberos. Llegaron a nuestro piso tres de ellos, dispuestos a bajarlo. Lo trataron con mucho respeto, pero con firmeza: prepárese que nos vamos por las escaleras ahora mismo.
Había que ver aquella escena: tres hombres grandes, uniformados, y Tupac enfrente, con un aplomo que no he tenido yo jamás en toda mi vida, y sin siquiera alzar la voz (incluso, sin usar palabras de más, parecía que estaba editando), convencerlos de que él se iba a quedar allí hasta que arreglaran aquello. "¿Ustedes saben cuántas veces he dormido yo en esta silla?", terminó. Y al custodio: "mis amigos pueden irse si usted lo exige, yo me quedo. No voy a ser ningún problema". Y no había amenaza alguna en su tono. Era como la paz del clarividente, él sabía.
Los bomberos se fueron. El custodio regresó a su puesto. Por supuesto que todos nosotros nos quedamos. Y yo me convencí de que existían los súperheroes. Allí estuvimos, conversando, deleitándonos con el Tupac bromista y memorioso. Felices, como quien tiene toda la noche por delante.
Ya cerca del amanecer apareció el mecánico y bajamos. Juntos. El descenso más triunfal que recuerde. En la calle esperaban sus padres, con una sonrisa. Estaban allí, sonriendo. Entonces admiré muchísimo a esa hermosa familia. Y todavía.

Otro comentario refiere:
Un día cuando era niño en mis frecuentes viajes a La Habana con mi familia en Línea y Paseo ví que llevaban a un hombre en silla de ruedas que apoyaba su cabeza en el dedo índice y me quedé mirándolo fijo no se por qué, tal vez por la expresión de su mirada o por esa particularidad de Tupac de apoyar su rostro en ese dedo. El caso fue que el también me miró fijo (y ahora me matan y no me acuerdo quién lo llevaba pero estoy casi seguro que era una muchacha) y después continúe mirando el recorrido que llevaba e hice fijación de él precisamente por esa particularidad...
Tiempo después, en doce grado, me leí "Mi Vida al Desnudo" de Enrique Núñez Rodríguez y lo conocí solo de palabra a través de la tierna historia que hacía el abuelo sobre su nieto...
Entonces aquel hombre que apoyaba su dedo índice lo volví a ver en la tv durante el estreno del vídeo "Mamífero Nacional" de Buena Fe en los Lucas y ahí comprendí quién era aquella persona que había visto de niño en Línea y Paseo y con el transcurrir del tiempo fui percibiendo con más profundidad quien era Tupac Pinilla.
Y mira cómo es el azar concurrente, me tocó precisamente a mi ayudarlo a bajar las escaleras del teatro el Sótano:
-Yo soy fan de su abuelo-le dije después de que me trasmitiera su agradecimiento.
Al concluir el emotivo concierto lo conduje de regreso hasta la salida y lo subí junto con su esposa y su madre... Le pedí el correo para una futura entrevista y me despedí de aquel hombre en silla de ruedas que se había quedado en mi mente trasnfigurado de varias maneras: cuando era niño y lo ví en línea y paseo. La otra como el nieto de ese grande que fue Enrique Núñez Rodríguez y en el pasado reciente como el gran intelectual que fue...
Bueno al final parece que haré una entrevista inconclusa, pero un homenaje eterno para él.

UNEAC, blog Segunda Cita

Tupac Pinilla Núñez


editor, sociedad, documentalista, psicología