Rolando Ferrer

Rolando  Ferrer
Nacimiento:  
13
/
7
/
1925
Fallecimiento:  
19
/
1
/
1976

Dramaturgo, actor, director teatral cubano.

Publicó en Ciclón, Carteles y Bohemia. Trabajó como profesor de Historia del Teatro en el Departamento de Aficionados del Teatro Nacional de Cuba y como asesor literario y director artístico del grupo teatral La Rueda. Mereció dos menciones en el concurso de teatro ADAD y una en el de cuento "Hernéndez Catá".

Hizo su debut como dramaturgo en el año 1949 con la obra Cita en el espejo, en un programa que incluyó textos de otros dos autores emergentes.

Por esa época se desempeñó como actor en el grupo Las Máscaras, dirigido por Andrés Castro, que en 1951 estrenó su obra La hija de Nacho y, en 1954, Lila, la mariposa, considerada el momento más alto de su dramaturgia y uno de los títulos imprescindibles en la historia de la dramática cubana.

En 1957 integró el elenco que estrenó en Cuba La soprano calva (la pieza de Eugene Ionesco que inauguró mundialmente el teatro del absurdo) bajo la dirección de Julio Matas en la Sala Atelier.

Con posterioridad fueron estrenadas sus obras en un acto La taza de café (1959), Función homenaje (1960), Fiquito (1961), Los próceres (1963), Las de enfrente (1964) y escribió otras piezas cortas y dos títulos destinados a los niños: Cosas de Platero y Busca, buscando.

Su dramaturgia presenta dos etapas. En la primera resalta la pieza de largo aliento, deudora de una escena sicologista, que toma como centro conflictos familiares y se desarrolla en un universo cerrado, ajena a confrontaciones sociales y perspectivas clasistas. En la segunda prima la obra en un acto, de moda en la escena internacional de la época y, tal vez, más acorde con la realidad social de intensas transformaciones que conformó el contexto insular de los años sesenta y setenta. Es este un período que revela una franca vocación social a la vez que un afán de búsqueda y experimentación.

Entre las constantes de su teatro se hallan los temas de la mujer y la familia, las indagaciones en la sicología nacional, la resignificación de los referentes de la cultura popular y la singular y aguda reelaboración del habla popular.

Se destacó también como versionista. Realizó peculiares versiones de Romeo y Julieta (Shakespeare; 1964), Anfitrión (Plauto; 1970), Las tres hermanas (Chéjov), Las preciosas ridículas (Moliere;1971), La corte de los divorcios (Cervantes; 1974), entre otras.

Como director, puso en escena Las brujas de Salem (Arthur Miller, Teatro Nacional de Cuba, 1961); Teatro Noh (Tres obras de Yukio Mishima, Conjunto Dramático Nacional, 1965); ¿Quién le teme a Virginia Woolf? y Entremeses japoneses (Grupo La Rueda, 1967 y 1968, respectivamente); De sentir y decir (Textos de José Martí, 1971); La dama duende (Pedro Calderón de la Barca; 1973), Mirandolina (Carlo Goldoni, 1975); El son entero (Poemas de Nicolás Guillén,1975), estas cuatro con el Grupo Rita Montaner.

Su personal poética al respecto se caracterizaba por el énfasis en los detalles, clave para producir una escena sugerente y evocadora.