Rodrigo Ricardo
Prats
Llorens

Rodrigo Ricardo Prats Llorens
Rodrigo Prats
Nacimiento:  
7
/
2
/
1909
Fallecimiento:  
15
/
9
/
1980

Compositor, violinista, director de orquesta. Uno de los creadores más relevantes de la escena lírica cubana.

Rodrigo Prats nació en Sagua la Grande (antigua provincia de Las Villas). Creció en una familia de tradición musical, pues su padre fue el flautista y compositor Jaime Prats (1883-1946), autor del famoso bolero Ausencia, fundador de una de las primeras jazz bands del país, y fecundo autor de música para la escena teatral vernácula.

Precisamente con su padre, Rodrigo Prats se inició en el estudio de la música. Luego fue discípulo de Mauricio Ortega y Emilio Reinoso.

Ingresó en el Conservatorio Orbón, en La Habana, para recibir clases de solfeo y teoría con Cándido Herrera. Sus maestros de violín fueron Juan Torroella, Joaquín Molina Torres y Fernando G. Aday. Benjamín Orbón fue su profesor de piano, y Buenaventura Sánchez, de armonía y composición. En el Conservatorio Iranzo concluyó su formación musical.

Debutó en 1922 en la Cuban Jazz Band que dirigía su padre, y en el mismo año ingresó en la recién fundada Orquesta Sinfónica de La Habana, dirigida por Gonzalo Roig. Antes había integrado las orquestas de Tata Pereira, Rojito Barba y Felipe Palau.

En una entrevista, Prats declaró que sentía orgullo de ser “danzonero”, pues apenas con doce años de edad había tocado el violín en orquestas que interpretaban danzones, y había escrito su primera pieza del género en la Academia Habana, a contrapelo de las opiniones de los profesores.

En 1924 escribió la criolla-bolero Una rosa de Francia. Tenía quince años cuando compuso la música, sobre la letra de un poema que le había entregado Gabriel Gravier, amigo de la familia. Una Rosa de Francia fue estrenada por el popular cantante Fernando Collazo.

Prats condujo en 1926 la orquesta de la Compañía Teatral de Arquímedes Pous, como antes lo había hecho su padre.

Más tarde fue fundador y director de la Orquesta Sinfónica del Aire, así como de la Orquesta de Cámara del Círculo de Bellas Artes, y subdirector de la Orquesta Filarmónica de La Habana.

Dirigió musicalmente la radioemisora RHC Cadena Azul, que se especializaba en programas musicales de varios géneros.

A inicios de la década de 1930, junto con su colega Gonzalo Roig y el director y escritor teatral Agustín Rodríguez -libretista de muchas zarzuelas y autor de letras de canciones-, Prats se incorporó, en calidad de maestro concertador, a las temporadas de arte lírico cubano del teatro Martí, durante más de un lustro.

En ese marco estrenó las zarzuelas Soledad, María Belén Chacón y Amalia Batista, considerada esta la más completa de las que escribiera.

El músico e investigador Alberto Joya sostiene que Amalia Batista es, en la obra de Rodrigo Prats, lo que para la zarzuela cubana son María la O, de Ernesto Lecuona, y Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig. Conforman estas obras una tríada que representa al teatro lírico cubano. Sus argumentos son similares, y tienen como protagonistas a tres mulatas representativas de la exuberancia, la sensualidad y la pasión del trópico, en amores ocultos con hombres blancos. Los romances ilegítimos conducen a situaciones dramáticas que se nutren de ilusiones, esperanzas, pasiones, desdichas y venganzas. Tales tópicos, usuales en el teatro lírico, respondían en las tres obras a problemas vivos de la sociedad cubana de entonces.

Amalia Batista se estrenó como sainete con clamoroso éxito, en el teatro Martí de La Habana, el 21 de agosto de 1936. Su libreto era de Agustín Rodríguez, y los papeles principales estuvieron a cargo de la soprano Maruja González y el tenor Miguel de Grandy. El rol protagónico había sido concebido para Rita Montaner, quien por su parte la interpretó el 9 de agosto de 1940 en el teatro Nacional. En 1952 Prats refundió la obra en un solo acto, y en 1979 estrenó otra versión con la que le otorgó definitivamente la categoría de zarzuela.

Prats obtuvo por oposición el cargo de director de la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Educación, y al inaugurarse la televisión, en 1950, fue nombrado director musical del Canal 4.

En 1954 organizó una orquesta con calificados músicos, para interpretar danzones con arreglos suyos en el disco que se tituló Danzones para bailar, que distribuyó la firma Puchito. Esa orquesta danzonera de lujo estaba integrada, entre otros, por José Antonio Fajardo (Flauta); Jesús López (piano); Israel “Cachao” López (bajo); y Ulpiano Díaz (timbal). Su repertorio estaba compuesto por piezas consideradas “clásicas” del género, como Masacre, de Silvio Contreras; Virgen de Regla, de Pablo O’Farrill; Fefita, de José Urfé; La Gioconda, de Juan Quevedo; La flauta Mágica, de Antonio María Romeu; La mora y Si muero en la carretera, de Eliseo Grenet.

El éxito que alcanzó la producción discográfica permitió que el maestro Prats repitiera la experiencia y, básicamente con el mismo elenco, grabó Danzones para bailar. Vol. II para la firma Puchito, y Danzones completos, para el sello Montilla. En esas placas se encuentran arreglos danzoneros de Una rosa de Francia y Amalia Batista, y de Ausencia, de Jaime Prats.

Otra producción relevante en la trayectoria discográfica de Rodrigo Prats fue Estampas de Cuba, con arreglos instrumentales del maestro, de danzas de Ignacio Cervantes, José White y Ernesto Lecuona, y de canciones de Eduardo Sánchez de Fuentes, Gonzalo Roig, Jorge Anckermann, Eliseo Grenet y Moisés Simons.

En ese disco, grabado para la marca Kubaney con notas al programa de Luis Carbonell, se incluye la obra de Prats Canta el carretero cuando dan las seis. Esta pieza fue orquestada años más tarde por Gonzalo Roig para ser interpretada por la Banda Nacional de Conciertos.

Rodrigo Prats compuso varios pregones, entre los que sobresalen El churrero, El tamalero y El verdulero. De sus canciones, alcanzaron celebridad Aquella noche, Espero de ti, Tú que no sabes mentir, Creo que te quiero, Eres rayo de sol y Miedo al desengaño, preferida desde su estreno por numerosos intérpretes del repertorio lírico cubano.

En enero de 1960, el maestro Rodrigo Prats dirigió la Orquesta Típica Nacional, conformada para el Festival del Danzón por los mejores intérpretes del género. En 1961, con su obra Yo sí tumbo caña, interpretada por el cuarteto D’Aida, obtuvo el gran premio del Primer Concurso de Canciones Cubanas celebrado tras el triunfo revolucionario de 1959.

Hasta sus últimos días dedicó sus fuerzas al cultivo y la promoción del género lírico, los géneros tradicionales y la mejor canción nacional.

Su Misa Cubana, compuesta originalmente para la boda de su hijo, fue cantada en la celebración litúrgica que tuvo lugar en La Habana en 1998, durante la visita de su Santidad Juan Pablo II a Cuba.

Fuente: EnCaribe.org